CIRCUNSTANCIALES
Las realidades se presentan en la vida con independencia de nuestra opinión. La verdad de cada quien depende del papel que estemos ejecutando en un momento determinado y luego del lugar donde estemos ejecutando ese rol. Cada realidad, una circunstancia diferente. Me he percatado, en los sucesos protagonizados a cada momento, la grandeza de esta realidad. Esto ayuda a sentirse de un tamaño natural y no un monstruo ególatra de dimensiones desconocidas. Por otro lado, cada asunto y su consecuencia son importantes en la medida en que actuamos esa labor. Realmente somos circunstanciales.
Lo cierto es que todo sucede a un mismo tiempo, sin nuestra autorización y con nuestro sello y firma. Las certezas, de cada cual , fluctúan en virtud de muchos factores que escapan de la capacidad de gestión. En síntesis: hay miles de casualidades que dependen de nosotros y millones escapadas de nuestra disposición de resolución. Por ejemplo: si vas al trabajo, y te subes en tu coche eres el dueño absoluto del mundo hasta que entras en la arteria vial cotidiana que presenta un fuerte retraso. El control real y verdadero de poder manejar tu vehículo a discreción se pierde por completo en una autopista atestada. Por supuesto, puedes crear todos los mecanismos adecuados para evitar la cola: salir más temprano y usar vías alternas. Pero incluso allí tu realidad, el poder para manejar tu propio vehículo, se ve afectado por un hecho extraño y muy superior a tus fuerzas, gobernándote, con tu autorización o sin ella. Y la cola importa en la medida en que se está atascado en ella, cuando no es así, es irrelevante esa realidad. Somos total y absolutamente circunstanciales. Las situaciones cotidianas afectan en la medida en que se forma parte de esa verdad, cuando no es así esas realidades pierden sentido e importancia.
Esta cualidad de la vida, también la vemos, cuando por motivos ajenos somos apartados de esas cotidianidades; por ejemplo: una enfermedad nos aleja del trabajo por unos días o dejamos de realizar la actividad considerada como fundamental. Con la distancia en esa actividad externa, se nota como las cosas se siguen sucediendo sin nosotros. La vida continúa con independencia de la opinión que tengamos al respecto porque nadie es indispensable: verdad dura para los de ego más grande; enseñanza asimilada en situaciones donde se perdió el sentido una vez alterada la realidad. Y esta propiedad es sencillamente un cambio de visión.
Definitivamente somos circunstanciales en la propia y en la vida de otros. Y estoy convencida que somos solo una “circunstancia” de una vida más grande, de mayor valor.
Considero, además, que los otros son solo una circunstancia en nuestra vida: y eso es altamente perturbador; pensar que quienes nos rodean (los seres que amamos) pasan por breves periodos de tiempo me resulta incómodo y doloroso. Es espantosa la idea de que las personas a las cuales se ama son solo una circunstancia en la vida y genera dolor. A través de un proceso reflexivo y doloroso me correspondió aprender que a nadie pertenezco y nadie es de mi propiedad: ni familia (a la que amo exageradamente), mis amigos queridos (la familia escogida) quienes tienen su propia realidad, ni pareja y menos los hijos. Realmente vamos de camino en un viaje muy largo y eventualmente algunos forman parte de nuestro recorrido por un tiempo más prolongado que otros; esta misma energía va decidiendo quien se queda y se marcha. Podría ser ésta realidad la que obliga a estar conscientes de todo lo cotidiano incluyendo las relaciones más profundas y estables. No hay ningún escrito que refiera sobre la eternidad de los vínculos: son tantas las causas que originan separaciones o pérdidas. Y es tan difícil creer cuando amamos, que esa persona no va estar por siempre con nosotros e imposible de considerar que pudiera existir motivo alguno que permitiera a dos amantes no estar juntos. Pero sucede y mucho.
Entiendo: somos miles de millones de realidades bailando, cada una, a su propia cadencia pero creemos que esa música es la única verdadera o posible para el resto de la humanidad. Craso error.
Todo lo que interesa a una realidad es problema en la medida en que se protagoniza esa situación. Al apartarse se ve otro aspecto de la misma. La problemática sede en importancia bajo los efectos hipotéticos de esa otra verdad. Por ejemplo: cuando salgo de casa, la condición de ese momento consiste en arreglarme en un tiempo prudencial realizando los asuntos concernientes a mi aseo y cuidado físico. Luego, cuando salgo, mi realidad es dirigirme en mi coche a la autopista procurando no encontrar cola y después será llegar al trabajo a buen tiempo e imbuirme en esa otra realidad con todos sus signos y alteraciones. Y así se va día a día viviendo de una situación a otra realidad; de circunstancia en circunstancia.
Sin embargo, se vive como si cada realidad fuera importante como única y los acontecimientos generados los únicos fundamentales. Si súbitamente “cambian” esa seguridad se nota como aquellos problemas pierden importancia con relación a los de la nueva “situación”. Se anda con el saco de problemas de una estancia a otra: creyendo que son productos únicos cuando en definitiva cada cámara es una situación nueva con su dignidad y solución. Pero nos comportamos como que cada realidad fuera la única verdad en la vida de cada quien.
He aprendido a advertirme multifacética: hay dentro de mí diversos parajes, desde donde se ve, de distinta manera, la misma realidad. He tenido que aprender a convivir con todas mis verdades íntimas. Noto: una cara muy juiciosa que se califica asimismo y a los otros muy duramente y ante la que he tenido que rendirme para aprender a ser equilibrada; luego hay una faz cómica que suele ver el lado chistoso de cada situación; otra sentimental que ama con prontitud y peligro; luego una madre en potencia; una ejecutiva hacedora; una meditativa y reflexiva escritora con una extraña visión de la vida; y otras que conviven en mi tratando de formar una única realidad equilibrada. Misión titánica que a veces no logramos.
Al verme desde esta situación variada me resulta fácil y sencillo entender los grados de circunstancia a los cuales puedo acceder y compruebo que la cara colérica de mi ser se supera cuando permito expresar enojo sin buscar culpables con forma de sacos de arena desestresante: cuando dreno la molestia, lo mas probable es que me sienta mucho mejor conmigo, cese la molestia y pueda ver el asunto desde otra perspectiva. Fácil... si... pero letal porque implica un grado elevado de responsabilidad.
En la medida en que aprendo a ver, en mi vida, el grado de circunstancia que todo tiene entiendo muchas cosas de mi cultivando la costumbre de dar a cada asunto una actitud verdadera. Viéndome junto a mis problemas con un grado latente de resolución propia, que se me escapaba, cuando consideraba a cada situación como única y absoluta en mi vida. Lo cierto es que todo es circunstancial y definido desde cada realidad. Cambias la realidad y cambias las circunstancias.
Como conclusión reflexiva noto se suele morir o desvivir por situaciones que se consideran exageradamente importantes desde creer que son nuestra única realidad. En la medida en la cual entendemos que esas situaciones son eventuales entonces nuestra perspectiva cambia notoriamente y la actitud-respuesta ante las mismas es totalmente diferente según la visión sea más objetiva.
Nuestra visión del mundo y la realidad, surgida de esa observación, dependerá del grado evolutivo y el deseo de cambio y transformación generados por nosotros en cada situación. Y ello es una decisión muy personal, interna e independiente de cada ser humano. Somos percepciones: referentes, referencias y referidos.
Y lo que rodea a todo y anda en el más allá de nuestras circunstancias nos pone en un “más lejos” perceptivo de esta realidad, a disgusto, y va mostrando la senda oculta que solo se conoce a cada paso.
También a cada circunstancia le sigue un misterioso motivo paralelo y resonante que va moviendo la coyuntura a favor o en contra. Ir más allá de la circunstancia, al origen de ella para descubrir su trasfondo, solo enriquecerá la experiencia y agudizará la mirada. Con la visión en el más allá se puede entender el fin último de cada eventualidad. Para ir sumando pedazos de circunstancias y llegar a una comprensión mucho más rica y profunda de nosotros y del mundo.
por Yadelcy Hamber Machado
Abogada, Escritora
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